Diario del Cuidador

Lo que sirve para el estreñimiento en adultos mayores tras varios intentos

2026.09.11
Estreñimiento en adultos mayores: rutina de cuidado en casa para la salud digestiva, notas de un diario de cuidador

Dejo la pava en la hornalla y no necesito girar la cabeza para saber quién viene: la rueda de goma del andador raspa sola el piso de la cocina, sin que yo tenga que ir a buscarlo hasta la pieza. Antes ese ruido tardaba una eternidad en aparecer, o directamente no aparecía, y terminaba yo yendo a ver si estaba bien, sentado en el inodoro con la cara colorada y las manos aferradas al barral. Hoy llega solo, y ese detalle chiquito me dice más sobre el estreñimiento en adultos mayores que cualquier folleto que leí. Con el tiempo até cabos: la salud digestiva de mi viejo, en el cuidado en casa día a día, no se arregla con una sola cosa, así que acá van las preguntas que más me hacen los que están en lo mismo, con lo que a mí me sirvió de verdad.

No alcanza con darle más fibra sola

No. Le daba salvado, ciruelas, todo lo que se supone que ayuda con la fibra, y el viejo seguía en las mismas, sentado ahí sin resultado. Una tarde vino Estela, la vecina que fue enfermera antes de jubilarse, y me lo dijo sin vueltas, como hace siempre: que le estaba metiendo fibra a lo loco pero no le hacía tomar agua de fondo, y que así no iba a andar. No me consoló ni me dijo que estaba haciendo bien, y tenía razón. La fibra sin agua de fondo se queda estancada, como tirar algo seco en un caño sin nada que lo empuje.

Vaso de agua y fibra natural para el estreñimiento en adultos mayores, parte del cuidado en casa

La lección que me llevé del curso

En una lección del curso que hice explican que la fibra sin agua de fondo arma un tapón peor que el que había antes, y ahí até cabos con lo que Estela ya me había dicho de otra forma. También ahí escuché por primera vez de la Escala de Bristol, que usan en salud para describir cómo sale todo: al principio me pareció una pavada, pero ahora la uso con el kinesiólogo porque los dos entendemos lo mismo con una sola palabra, en vez de mil vueltas. El kinesiólogo me lo tiró una vez, medio de pasada, mientras guardaba sus cosas: que si él no camina, por dentro tampoco camina nada. Esa frase se me quedó pegada más que cualquier lectura. Las noches en que el viejo no evacúa son también las noches en que no duerme, y ahí lo que aprendí sobre problemas de sueño en ancianos durante estas noches terminó cruzándose con esto sin que yo lo buscara.

El agua, la otra mitad de la salud digestiva

Ahora el click del pastillero a las seis de la tarde viene siempre con un vaso grande al lado, no un traguito para bajar la pastilla. Reparto botellitas por la casa para que vaya tomando de a poco durante el día, porque si no le pongo el vaso en la mano, no toma solo. Intento además que ese vaso grande aparezca más o menos a la misma hora todos los días, porque el cuerpo parece agarrarle la mano a la rutina cuando se repite parecida. Prestar atención a esto también me sirvió para otra cosa: a veces lo que parece estreñimiento es apenas la punta de algo más simple, que directamente no está tomando líquido, un cruce que terminé de entender leyendo sobre los síntomas de deshidratación en adultos mayores.

Probé cosas que no sirvieron

Hay un cajón en casa que es el cementerio de las cosas que compré con toda la fe del mundo. Ahí están las alfombras antideslizantes baratas que puse en el baño pensando en que no se resbalara yendo al inodoro: las puntas se empezaron a enroscar hacia arriba enseguida y terminaron siendo una trampa más peligrosa que el piso mojado que querían evitar. Las saqué todas el mismo día que casi lo veo tropezar. Con eso aprendí que cualquier cosa que sume riesgo de caída vale más sacarla que confiar en que ya nos acostumbramos. Para levantarse del inodoro tampoco alcanza con empujar: hay una forma de acompañarlo con el barral que evita que cargue todo el peso de golpe, y al principio él se resistía a que lo ayudara con eso, como si aceptar la mano fuera un paso más hacia atrás.

Mover el cuerpo para mover la panza

Le levanto las rodillas despacito en la cama, como si estuviera pedaleando en el aire, diez minutos nomás, y le hago masajes suaves en la panza en el sentido de las agujas del reloj. Cuando anda más de silla que de cama hacemos algo parecido ahí sentado, nada de gimnasia en serio, solo para que algo se mueva. La primera vez me miró como preguntando qué hacía, medio desconfiado, pero enseguida se acostumbró y hasta se relaja. Mientras tanto le hablo de cualquier cosa, del partido, del vecino, de lo que sea, más que nada para que la cabeza también tenga con qué entretenerse un rato. El andador con ruedas que usa por la casa ayuda menos de lo que pensaba en esto puntual, unos pasos cortos no reemplazan el movimiento de piernas armado, pero sí evita que se quede el día entero sentado en el mismo lugar, y eso también le hace bien a la piel. No busquen la solución mágica en la farmacia antes de probar que el cuerpo se mueva un poco, aunque sea así de simple.

Laxante, médico o esperar una noche más

Un lector de Rosario, Donato, dejó hace poco un comentario largo sobre el pastillero, y en el medio tiró algo que yo todavía no había pensado: si el horario en que le doy la pastilla choca con el horario en que, medio en piloto automático, le doy de comer. Se lo tuve que preguntar al médico porque no tenía ni idea, y la respuesta me hizo reacomodar un par de cosas del día. Para explicarle el cambio me siento a su lado y le hablo despacio, porque anda medio sordo y desde la puerta no me escucha nada. No voy directo al laxante químico apenas veo que se atrasa: primero pruebo con el agua, el movimiento y, a veces, una cucharada de aceite de oliva crudo en el puré, siempre preguntando antes al médico porque a esta edad cualquier cambio les desacomoda todo. Las noches en que además le agarra esa desorientación rara del atardecer, todo se complica el doble, y ahí ya no es cuestión de aguantar solo: si la cosa no mejora en un par de días, si hay dolor fuerte, o si una noche siento que no doy más, llamo al médico o pido ayuda de afuera, porque este camino no conviene hacerlo completamente solo.

Después de todas estas pruebas, la única receta fija que me queda es no fiarme de una sola cosa: agua, movimiento y horarios parecidos, juntos, hacen más que cualquiera de los tres por separado. La pava tarda su rato en hervir mientras espero que el viejo se termine de dormir, y en ese rato reviso el cuaderno para ver si hoy hubo suerte o no. Si hay algo que le sirve a otro cuidador que lea esto, que sea justamente eso: no busquen la fórmula única, busquen la combinación que a su viejo le funcione a él.