Diario del Cuidador

Cuidado de personas mayores a domicilio para los fines de semana

2026.10.10
Cuidado de personas mayores a domicilio para los fines de semana: andador junto a la pared del pasillo en una casa cordobesa

El andador pasó la noche parado en el tramo de pasillo que separa su cuarto del mío, nadie lo tocó. Así arranca un buen fin de semana en esta casa: el cuidado en casa de un adulto mayor sin que se convierta en guardia permanente, con la prevención de caídas metida en cada rincón sin que se note. El sábado y el domingo son otra categoría de tiempo acá, no hay taller, no hay nadie pidiendo que le abra un auto trabado, solo la rutina del cuidador estirándose sola, sin horario de corte.

Antes de seguir: en este cuaderno vas a cruzarte con algún enlace de afiliado. Si alguien se anota en un curso entrando por ahí, a mí me llega una comisión chica y a vos no te cuesta ni un peso de más. Pongo solo lo que de verdad pasó por esta casa cuidando a mi viejo, nada que no haya probado yo mismo. La política completa está en su propia página.

El turno de las 48 horas

Los sábados son el terreno más difícil. No hay médico de guardia cerca, la obra social es un laberinto esos dos días y los trámites quedan en pausa hasta el lunes. Toda la seguridad de mi viejo recae en estas manos de cerrajero, que entienden de cerraduras trabadas y de metal, pero poco de por qué se pone más terco apenas cae la tarde. El viernes, antes de que arranque todo esto, Eugenio —el vecino de la vuelta— pasa con unas facturas que nadie le pidió, nos sentamos un rato en la cocina, y es un poco como juntar aire antes de la zambullida. Después de esa visita arrancan 48 horas corridas donde cada ruido en el pasillo me pone los pelos de punta.

Probé en algún momento dejar una luz prendida en el pasillo toda la noche, pensando que la oscuridad era lo que lo desorientaba. Daba igual: a eso de las tres se levantaba igual sin saber bien en qué cuarto estaba. Lo que terminó funcionando fue otra cosa, cambiar esa luz general por un velador de poca potencia justo al lado de la cama, algo que no lo despabila del todo pero le alcanza para ubicarse sin tener que prender nada fuerte.

Ruedas gastadas de un andador sobre mosaicos de cocina, parte de la prevención de caídas en el cuidado en casa de un adulto mayor

Evitar caídas cuando estoy solo

Según la Organización Mundial de la Salud, el 30% de los adultos mayores de 65 años sufre al menos una caída al año. No necesito la estadística para saber que mi viejo casi entra en ese número un sábado a la tarde: quiso ir al baño solo, el andador se le trabó en una junta del piso, y si no estaba cruzando el pasillo justo en ese momento, terminábamos en la guardia.

Ese sábado dejé de pensar el andador con ruedas como un mueble más de la casa y empecé a tratarlo como la única barrera real entre un domingo tranquilo y uno de guardia médica. Para la semana seis de ir ajustando estas cosas chicas, lo vi girar el andador esquivando la silla del living sin perder el paso. No fue una revelación ni nada parecido, fue sencillamente un sábado más tranquilo que los anteriores.

El pastillero azul que tengo en la repisa del baño, con sus siete compartimentos, es lo que me evita pifiarle a la medicación de fin de semana sin tener que acordarme de memoria qué toca cada día. Lo que aprendí siendo un hijo cuidador de padres mayores en casa es que si yo no estoy bien, él corre riesgo, por más organizado que tenga el pastillero. Por eso ese mismo sábado volví a las lecciones del curso Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio que compré hace un tiempo: lo que me quedó no fue la parte médica, esa se la dejo entera al geriatra, sino lo práctico, cómo acomodar la casa para que no sea una trampa y cómo moverlo sin partirme la cintura yo. Tiene pocas reseñas todavía en la página del vendedor, así que tampoco lo tomo como la última palabra, pero me sirvió más que cualquier teoría. Lo que no sobrevivió fue mi técnica para levantarlo del sillón: todavía me tira la cintura cuando hago fuerza de más, ahí sigo siendo bastante torpe.

Pastillero semanal azul junto a herramientas de cerrajería, símbolo de la rutina del cuidador los fines de semana

Rotar las caras no es abandonar a nadie

Mucha gente busca que sea siempre la misma persona la que esté con él los findes, pero a mí rotar las caras me funciona mejor. Alguien distinto el sábado, alguien distinto el domingo: no es desapego, es que así no se quema ni él de ver siempre lo mismo ni yo de no tener nunca un respiro. Al final esto es ayuda a domicilio en su forma más básica, alguien nuevo entrando a tu casa a darte una mano un par de horas.

Pola, la vecina de dos casas, se paró un día en la vereda mientras yo sacaba la basura y me preguntó cómo hacía para no volverme loco. Ella recién empezó a cuidar a su suegra hace poco y todavía cree que todo se resuelve con una planilla bien armada. Le dije lo que pienso: organizar ayuda, pero sola no alcanza, el cansancio se mete por donde la planilla no llega. Por qué contratar el cuidado de personas mayores por horas para el hijo es un alivio que no tiene nombre, che. Mientras alguien se queda con él puedo salir a caminar un rato por La Cañada, ahí nomás, y volver con la cabeza más despejada.

Al principio mi viejo no quería ni escuchar que viniera gente nueva los fines de semana, se le notaba la resistencia en la cara, pero ahora es él el que pregunta a qué hora llega la persona del sábado. Y de paso, las caras nuevas rompen un poco ese aislamiento de estar siempre entre las mismas cuatro paredes con el mismo hijo todo el día. Ojo, no soy médico ni pretendo serlo. Lo que cuento es lo que anoto entre el cuaderno de novedades y la pava, nada más. Si ves que tu viejo camina raro o se confunde más de la cuenta, consultá con su geriatra: yo solo soy un cerrajero tratando de que la puerta de esta casa siga abierta para él los fines de semana.

Cuaderno de novedades del cuidador junto a una pava en la cocina, registro diario del cuidado de un adulto mayor en casa

Lo que cambié en la semana seis

El domingo de esta semana lo miré dormir la siesta en el sillón, el andador quieto al lado con las gomas ya bastante gastadas. En el cuaderno que dejo sobre la mesa de fórmica de la cocina anoté que tomó agua, que fue al baño sin drama y que no hubo mareos. No sé si eso es prevención de caídas de manual o simple suerte acumulada, pero por primera vez en bastante no sentí que estaba improvisando su seguridad al pedo.

La posta que me llevo de esta semana seis no es un truco nuevo, es algo más simple: dejar de pretender que yo solo alcanzo para cubrir todo el fin de semana es lo que de verdad lo hace más seguro a él, no al revés. El curso Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio me dio un par de herramientas para la parte física, mover a mi viejo del sillón a la silla sin lastimarnos los dos, pero lo que más cambió este fin de semana fue soltar el control de quién entra a esta casa un sábado cualquiera. El precio actualizado lo tenés en la página del vendedor, que va cambiando.

Ahora cierro el cuaderno y trato de dormir un rato antes de que arranque el lunes. Mañana vuelvo a las llaves y los tambores de las cerraduras, pero esta noche mi viejo duerme tranquilo, y yo también.