
Un cilindro Yale se abre con cinco pernos en la posición exacta, nada más y nada menos; a mi papá, que ya llegó a la edad jubilatoria de este país, no hay combinación que le sirva dos días seguidos. Un lunes camina derecho hasta la cocina y el martes el mismo pasillo se le hace una cordillera. Llevo un tiempo tratando de entender esa diferencia, entre lo que abre con lógica y lo que no abre con nada.
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¿Cómo sé si ya no alcanza con las ganas?
Esta es la pregunta que más me llega, de otros hijos cuidadores que recién empiezan con un padre o una madre mayor en casa: ¿cómo te das cuenta de que ya no alcanza con las ganas? La posta es que no hay un cartel que se prenda. A mí me cayó la ficha de a poco, entre una noche mala y la siguiente, hasta que entendí que querer ayudar y saber ayudar son dos cosas distintas, y que el cuidado en casa de un adulto mayor pide una técnica que nadie te enseña de entrada.
Fue por esa misma bronca que terminé anotado en un curso online, uno que se llama Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, porque no me daba el bolsillo para una clínica ni el tiempo para una carrera larga. No resuelve la parte médica, para eso está el médico de mi papá y ahí siempre hay que empezar, pero sí me dio una base para organizar la medicación de la semana sin que se me mezclara nada, y para pensar una rutina diaria que él pudiera seguir sin sentir que se la estaban imponiendo. Esas dos cosas solas ya justificaron las noches que le dediqué.
El bastón no alcanza, aunque el adulto mayor insista
Hay algo que no funcionó, y lo digo así, sin vueltas: probé que usara el bastón solo por el pasillo de su cuarto, confiando en que ya le había tomado la mano, y se cayó dos veces en ese mismo pasillo antes de que yo aceptara que no estaba listo. No se quebró nada, por suerte, pero las dos caídas me sacaron cualquier idea de que la confianza alcanza. Después pasamos al andador con ruedas, y ahí la cosa cambió, aunque elegir el andador correcto para cada casa es otro tema que no voy a resolver en esta nota.
Lo que sí puedo decir es que la resistencia a usar cualquier ayuda, bastón, andador o lo que sea, no es terquedad pura: es que aceptar el andador significa aceptar en voz alta que el cuerpo cambió, y eso cuesta más de lo que parece desde afuera. La prevención de caídas en una casa común da para mucho más de lo que puedo meter en un párrafo, pero si tu viejo camina poco y le cuesta, vale la pena prestarle atención a cómo tratar las piernas hinchadas en ancianos que caminan poco en casa, porque el cuerpo se estanca si no lo movés con criterio.
¿Y si el que se quiebra termino siendo yo?
Otra pregunta que me hacen seguido, casi siempre a la madrugada por mensaje: ¿y si el que se quiebra termino siendo yo? Porque el agotamiento del cuidador no es una frase de taller de autoayuda, es algo que se te mete en el cuerpo, en la paciencia que te queda para el último cliente del día, y el bienestar familiar entero depende de que el que cuida también aguante. A la tardecita, cuando a él se le revuelve un poco más la cabeza que a la mañana, soy yo el que tiene que estar más entero, y ahí es justo cuando menos entero estoy.
Lo que me salvó más de una vez no fue ningún método, fue Rolando, un colega cerrajero del gremio, que el día que mi papá tuvo fiebre me dejó un termo en la puerta sin decir nada, solo para que no tuviera que salir a comprar nada esa noche. No todo el mundo tiene un Rolando cerca, lo sé, y por eso cuando la cosa se pone pesada de verdad, vale la pena pensar en por qué buscar cuidadoras de ancianos a domicilio tras meses de agotamiento. No es rendirse, es entender que un cuerpo solo no alcanza para sostener dos vidas.
Lo que me escribió un lector de Santa Rosa
Hace un tiempo me escribió un lector de Santa Rosa, Valentín Sequeira, que cuida a su mamá desde hace tres años. Me contó que había leído una entrada mía sobre los miércoles a la noche, y que era la primera vez que alguien describía exactamente lo que él vive los martes, esos días en que todo parece ir cuesta arriba sin motivo real. Me preguntó directamente si el curso que menciono acá, Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, servía para algo más allá del nombre. Le contesté con lo que pienso en serio: tiene una sola reseña en el marketplace, así que esa calificación todavía no es una base confiable, y no reemplaza ni de cerca lo que te dice el médico o el personal de enfermería. Lo que sí tiene es que está pensado para el cuidado en casa, no para una residencia, que es donde la mayoría de las familias arranca de verdad, y cubre lo básico que asusta los primeros días: organizar la medicación, prevenir caídas, armar una rutina que no se caiga sola.
Valentín volvió a escribir cuatro meses después para contarme que había contratado ayuda a domicilio una mañana a la semana, algo que al principio ni se planteaba. No le resolvió todo, pero le devolvió esa mañana para hacer trámites sin estar pendiente del reloj. Leer eso me hizo pensar que la ayuda a domicilio no es un lujo ni una derrota, es una pieza más del rompecabezas, como el curso, como el andador, como un vecino con un termo.
¿Qué hago con las noches que no hay forma de aflojar?
La otra pregunta que me repiten es qué hacer con las noches en que no hay forma de aflojar el cuerpo, aunque todo esté tranquilo. Tengo grabada una madrugada en particular: entré al baño pasadas las tres y me quedé parado ahí, dándome cuenta de que no había escuchado nada desde las diez de la noche, ni el andador, ni la tos, ni el crujido de la cama. El silencio me puso más nervioso que cualquier ruido, y terminé yendo a su cuarto solo para confirmar que respiraba bien.
Con el tiempo entendí que los problemas de sueño en ancianos que aprendí a manejar no se arreglan todos de la misma manera, y que mi trabajo ahí no es diagnosticar nada, es simplemente estar atento sin convertirme en un fantasma dando vueltas por la casa. Lo de la piel, cuando pasa mucho tiempo en la misma posición, tiene su propia ciencia que no es la mía, y lo de tener un plan armado para una urgencia real, con los teléfonos a mano y claros, es otra cosa que cada casa tiene que resolver a su manera, no en un párrafo de blog.
Aprender a pedir antes de que sea tarde
Si me preguntás qué aprendí en limpio después de todo este tiempo, te diría que no es una lista de técnicas, es que pedir ayuda a tiempo rinde más que aguantar solo hasta que no queda otra. Eso vale para un curso, para un vecino, para una cuidadora un par de horas por semana, para cualquier cosa que te saque un poco de peso de encima antes de que el cuerpo o la cabeza te manden la factura.
Para el que recién arranca en esto y busca algo concreto para no ir a los ponchazos, te recomiendo mirar el curso de Cuidado del Adulto Mayor a Domicilio, sabiendo que todavía tiene poca reseña para confiar ciegamente en la calificación, y que el precio hay que chequearlo en su propia página porque cambia. No te va a enseñar a estimular la cabeza de tu viejo con actividades puntuales, ni a mejorar la comunicación si además no escucha bien, ni a moverlo un poco aunque sea sentado: esos son frentes aparte, que no entran en un curso de base ni en esta nota. Lo que te va a dar es una manera de empezar sin romperte la espalda ni la cabeza en el intento, que no es poco cuando recién estás entrando al oficio.
Ahora voy a ver si el viejo se despertó. Cualquier duda médica, se la lleva a su médico, que es el que sabe la posta médica de su cuerpo; yo acá solo cuento cómo es abrir la puerta de esta casa cada día.