Diario del Cuidador

Cómo levantar a un anciano de la silla sin lastimarse la espalda

2026.07.12
Ergonomía para cuidadores: cómo levantar a un anciano de la silla sin lastimarse la espalda lumbar

El brazo que se cierra alrededor de mi cuello

El brazo de mi viejo se me cierra alrededor del cuello antes de que yo diga una palabra, y ya sé cómo termina si lo dejo hacer: los dos tambaleando, yo con la cintura torcida y él con más miedo que antes de empezar. Ahí aprendí, a las patadas, que cuidarlo en casa no es cuestión de fuerza sino de ergonomía, de entender cómo se mueve un cuerpo con la movilidad más reducida antes de meterle mano al sillón. La espalda baja no perdona un mal reparto de peso, y la mía ya perdió esa apuesta una vez.

Durante meses hice exactamente lo que no había que hacer: lo agarraba de las axilas y tironeaba, como si estuviera destrabando una puerta con la llave equivocada. Funcionaba, más o menos, hasta que un día no funcionó, y sentí ese tirón eléctrico en la cintura que te deja frío. Desde ahí dejé de confiar en la fuerza bruta y me puse a mirar la diferencia real entre las dos maneras que tenía de levantarlo.

Faja lumbar en la cintura de un cuidador familiar, para proteger la espalda al hacer fuerza en el cuidado en casa

La ergonomía no es fuerza, es peso bien puesto

Con el tiempo até cabos entre lo poco que recordaba de una lección grabada de un curso que compré hace ya un tiempo y lo que veía pasar en el living. La manera vieja era simple y mala: le decía "agarrate de mis hombros" o directamente le tendía los brazos, y él se colgaba. Cuando alguien se cuelga de vos, te saca del eje, te obliga a encorvarte y encima pierde su propio equilibrio justo para el lado contrario de donde tiene que ir.

La manera que uso ahora empieza antes de tocarlo. Reviso que sus pies estén bien apoyados y no colgando, que las rodillas queden a una altura razonable respecto de la cadera, ni más arriba ni más abajo. Después me pongo enfrente, bloqueo suave sus rodillas con las mías y le pido que incline el peso hacia adelante antes de intentar levantarse, como si la nariz tuviera que ir por delante de los pies. Recién ahí el esfuerzo real es mínimo, para él y para mí.

Silla adaptada con almohadón firme y apoyo antideslizante, pensada para mejorar la movilidad de un adulto mayor

Empujar con las piernas o pedir una mano

Acá es donde la cosa deja de ser una sola técnica y se convierte en una decisión de cada día. Hay tardes en que todavía le queda algo de impulso propio en las piernas, y ahí la técnica de acompañar el peso alcanza y sobra: nada de tirar, solo guiar. Pero hay otras en que simplemente no arranca, por más que le acomode los pies y le repita lo de la nariz sobre los dedos, y forzarlo en esos días es la manera más segura de terminar los dos en el piso.

Para esas tardes flojas empecé a apoyarme en otras cosas. Fue por necesidad, no por gusto, que terminé leyendo sobre cómo elegir el mejor andador para ancianos con ruedas en casa, porque tenerlo cerca del sillón cambia el cálculo entero: ya no depende solo de mi espalda. En el fondo, elegir bien entre técnica y ayuda extra es la forma más aburrida que existe de hacer prevención de caídas, aunque nadie lo llame así en el momento.

Posición correcta de los pies del cuidador para una transferencia segura al levantar a un anciano de la silla

Escuchar a Estela sin discutir

Estela Dávila, la vecina de enfrente que fue enfermera antes de jubilarse, pasó una tarde justo cuando yo insistía con levantarlo solo por tercera vez seguida, y no se guardó nada: "eso te va a terminar rompiendo la cintura a vos antes que a él". No es de las que suaviza lo que dice, y en ese momento tenía razón. Fue más o menos por esos días que probé otro invento que tampoco sirvió: un intercomunicador inalámbrico para escucharlo de noche sin tener que levantarme, que se cortaba justo las noches de lluvia, cuando más lo necesitaba.

Lo que sí terminó rindiendo fue instalar algo firme donde pudiera agarrarse cerca del sillón, y verlo estirar la mano hacia ahí sin buscarla con los ojos, como si el cuerpo ya supiera solo dónde apoyarse, me sacó un peso de encima que no sabía que cargaba. Ese gesto vale más que cualquier lección del curso. En los días flojos de piernas, además, le hago hacer un rato de esos mejores ejercicios de movilidad para ancianos sentados en sus sillas, para que el impulso no se le apague del todo entre una levantada y otra.

Cuaderno de un cuidador familiar con anotaciones sobre ergonomía y cuidado en casa de un adulto mayor

La regla que uso antes de decidir

A la tardecita, cuando le agarra esa desorientación del atardecer, hasta el gesto más simple de levantarse le cuesta el doble, y ahí ni la mejor técnica reemplaza tener a alguien más en la casa. Con el tiempo la manera de levantarlo se volvió una rutina fija más, como cualquier otro horario del día, y dejó de ser una decisión que había que pensar cada vez.

La regla que uso, resumida, es esta: si todavía tiene ese resto de impulso en las piernas, la técnica de guiar el peso hacia adelante alcanza y no hace falta nada más. El día que ya no arranca solo, ahí no hay postura que valga, hace falta una segunda mano, el andador cerca, o entender de una vez por qué contratar el cuidado del adulto mayor a domicilio ayuda cuando mi espalda sola ya no alcanza para las horas más pesadas. Cuidar la mía, al final, es la única forma de seguir estando acá para él.